Este domingo 4 de octubre, Brasil lleva a cabo una de las elecciones más trascendentales de los últimos tiempos, con más de 158 millones de votantes convocados para elegir a su próximo presidente.
El proceso electoral se caracteriza por una marcada polarización entre el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien aspira a un cuarto mandato no consecutivo, y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y principal representante de la derecha.
Lula ejerció su derecho al voto en São Bernardo do Campo, estado de São Paulo, y expresó su confianza en que los brasileños apoyarán su proyecto político. El mandatario planteó la elección como un dilema entre fortalecer la democracia o sucumbir a lo que calificó como “barbarie”.
Por otro lado, Flávio Bolsonaro también votó y exhortó a los ciudadanos a respaldar un cambio político. Su candidatura busca preservar la influencia del movimiento bolsonarista y consolidar a la derecha en Brasil.
Las encuestas reflejan una contienda muy reñida entre ambos candidatos, lo que genera una alta probabilidad de que ninguno alcance más del 50 por ciento de los votos válidos requeridos para ganar en la primera vuelta.
Si ningún candidato logra la mayoría absoluta, Lula y Flávio Bolsonaro se enfrentarán en una segunda vuelta programada para el 25 de octubre.
Además de la Presidencia, los brasileños eligen gobernadores, 54 senadores, 513 diputados federales y miembros de las asambleas legislativas estatales.
Esta jornada electoral tiene también un gran impacto internacional, ya que su resultado podría alterar el equilibrio político en América Latina y definir la orientación de Brasil en asuntos económicos, comerciales y de política exterior.
Con una elección marcada por la polarización, la incertidumbre y una diferencia estrecha entre los principales contendientes, Brasil espera conocer este domingo si decidirá a su próximo presidente en primera vuelta o si deberá regresar a las urnas el 25 de octubre.



